2009/03/22

Pública, gratuita y obligatoria.

Cuando lo absurdo se hace cotidiano, uno se pregunta: ¿De qué Revolución hablas tú, mijita?

Las doñitas (dicho sin distingo de género) tiene un defecto que Pacholo les ha dicho mucha veces, con y sin musiquita. No tienen capacidad para argumentar lógicamente; sufren de terrible inconsistencia entre su teoría y su práctica; y sufren de una incontinencia verbal que revela día a día sus valores pequeño-burgueses. Su poca capacidad de razonamiento habla mal de las instituciones de educación superior privadas (y públicas pero privadas de profesores y conductores probos) que les dieron títulos universitarios: Santa María Fuemayorista!!! que pinta tienen las niñas (dicho sin distingo de género)

Las doñitas (dicho sin distingo de género) una vez que pierden el debate, recurren a lo absurdo. Lo absurdo se les hace otidiano. Y como la sociedad es de cómplices, y la verdad no es invitado en la pachanga de las doñitas, el absurdo se hace regla, se hace teatro, se hace arte. Mientras más absurdo, mas increíblemente es aceptado por los tontos, que son mayoría en la clase media profesional cuya indecente presencia nos toca sufrir.

Oponer excusas, oponer argumentos absurdos, al plantemiento de que la educación es un derecho y no una mercancía solo se le puede ocurrir a gente de derechas, a puntica de caramelo para el fascismo. Y ya que me hacen solicitudes expresas, mis hijos y mis nietos reciben y recibirán educación gratuita, como la recibieron sus padres y abuelos, sea esta de la calidad que sea y se encuentren en el país que se encuentren. Para eso están los principios: i)No se paga por educación privada porque la educación no es mercancía y no se educa para "garantizarle" el futuro burgués a nadie. ii)No se paga por salud privada porque la salud no es mercancía.

¿De que Revolución hablas tú, mijita?, que algo queda...

Manuel Brito