2009/11/02

El argot del dominó

Hace poco la Universidad de Chicago otorgó un "philosophiae doctor" a un muchacho de 19 años que cumplía con todos los requisitos específicos de su disciplina. Super-específicos, limitados a una sola disciplina en la cual y durante un término de tiempo finito has demostrado habilidades. El título, a pesar del nombre, dejó hace mucho de ser un doctorado en filosofía, atribuible a gente que maneja con soltura y desenfado un número de disciplinas en las ciencias exactas y en la humanidades, tal y como era mi nunca bien ponderado Profesor Doctor Ludwig Boltzmann(1844-1906).

Lo que ahora se conoce como Ph.D. no es más que un formalismo que no hace a nadie mejor -tampoco lo hace peor-. Una licencia, entre otras, que le permite a quien la obtenga manejarse con criterio propio. Esta de más decir que pocos pueden hacer algo que valga la pena después de obtener la licencia, y la usan sólo para pedir privilegios en países donde todavía se encandilan con un diploma. Donde nadie analiza con objetividad y cuidado qué se ha hecho con la mentada licencia. Ser y estar son verbos que en lengua castellana son muy diferentes. Ser doctor es un asunto que hay que demostrar a diario.

El muchacho de 19 años, un verdadero fenómeno, pero se perdió una fase muy importante de la vida universitaria: jugar dominó en "La Conejera".
Cada región tiene su juego y su conejera. Yo presento aquí el caso Sartenejas. Esa experiencia, quiérase o no, te gusten o no las cardenalitas como culo'efoca, es la que forja al ser social. Este Ph.D. de la University of Chicago no sabe por ejemplo que "el que le pega a su familia se arruina". Pero debería tener la capacidad de pensar lógicamente que no siempre ese es el caso.

Me tomo la licencia de decir que de ese argot del dominó surge una costumbre que aborrezco: la mala maña de llamar hermano a quien no es hermano, para neutralizarlo, para que llegado el momento no te pegue. Llamar hermanos a los ministros y a los funcionarios de una Revolución que necesita un sacudón de mata antes de que se convierta en simple y vulgar gobiernito, impide también cantar las cuarentas cuando hace falta cantarlas. Que todo sea "por la tremenda armonía que pone viejos (¡mas aún!!) los corazones", como nos refiere el poeta. No pegarle a la familia porque te arruinas es una visión extremadamente "nepotista" del mundo, cuando lo importante es que no nos vuelvan a ahorcar la cochina, como han venido haciendo desde los dias de la Comuna de París. Esa gran verdad, es objetiva verdad, sólo la sabe quien lleva la mano en la partida. Si hay que pegarle a la familia, se le pega, y se toma responsabilidad por ese acto, por esa estrategia, por esa táctica. ¡Dígalo ahí Fidel!

¡Listo!, que algo queda...


Manuel Brito