2009/09/15

La oreja de van Gogh

Me parece totalmente deshonesto y falto de responsabilidad utilizar la tribuna para reventar y agredir a toda una institución porque se me quedó viendo feo una secretaria, o "denunciar" al voleo cuando se sabe hasta el número de cédula de a quien hay que darle con el tobo. Realmente no sé, y no me voy a poner a buscar, si en esta tercera etapa de escribir a diario mis "ataques ad-hominim" (frase que usan de refugio los pendejones) mencioné una de las metáforas más claras y precisas que se me haya ocurrido en estos 5000 años de existencia. ¡Es que soy eterno!

Me refiero a la oreja de Vincent van Gogh. La historia es bastante conocida y me limito aquí a nombrar la secuencia de hechos que indujeron a Vincent a cortarse su oreja. Después de su período "japanonismo" donde el genio de Vicent intento copiar y calcar, sin heroicismo de ninguna especie, a los maestros del ukiyo-e, v.g., Hiroshige... y la lista shige porque eran unos cuantos, a van Gogh le dio por la tauromaquia. Para ser holandés no lo hacia mal. Gaugin
decía que tenia un volapié de gran estilo y una forma de manejar la muleta que ya quisieran para si muchos pacientes con fractura de femur que sufren subiendo y bajando escaleras en el Domingo Luciani de El Llanito. De más está decir que Gaugin hacía referencia a una clínica traumatológica en Arles, pero para que se entienda, ¿no?

Lo cierto, es que un día nuestro genio tuvo que hacer una faena él solo. Tan solo, que tuvo que hacer él mismo de toro y de "mataor". Faena esplendorosa que hizo sonar varias veces el pasodoble e hizo rugir a los espectadores en sus barreras de sol, que ya sabemos que los niños ricos que se sientan en sombra son muy recataditos. Como es natural, el público pidió rabo y orejas para el mataor, y desde la presidencia dieron el visto bueno. Es sabido que cargado de adrenalina y despues de cortarse la primera oreja, Vincent exclamó: ¡La pinga!!! Y lo dejó así...

Desde entonces más de un aspirante a genio, con ese dejo de logica que inspira la mano invisible del mercado, cree que con cortarse una oreja pueden pintar como van Gogh. De allí que se acumule tanto mamarracho. Y hasta ahí no hay problemas, el planeta aguanta a estos "genios". Pero cuando el aspirante a genio no es pintor de borcha gorda sino "intelectual", y con ese dejo de lógica que inspira la total locura, cree que basta con escribir enrevesao para igualarse a la contundencia y al tino del genio analista de Marx, entonces, sin mucha vuelta de hoja hay que cortarle el rabo....

¡Olé!!!, que algo queda...

Manuel Brito